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Alemania Vs. URSS: Carl Zeiss Jena Biotar y los Helios 44-2

A menudo se comenta que muchos objetivos soviéticos no son más que “copias” de diseños alemanes, especialmente de Carl Zeiss. Se menciona al Jupiter 8 y al Jupiter 3 como derivados del Sonnar, o al Helios como heredero directo del Biotar, y lo cierto es que esa relación existe. Sin embargo, reducirlo todo a una simple historia de piratería industrial es quedarse en la superficie, porque el contexto es bastante más complejo.

Para comprender cómo la industria soviética llegó a producir objetivos en algunos casos prácticamente idénticos y en otros claramente inspirados en fórmulas ópticas de Carl Zeiss, es necesario retroceder en el tiempo y situar los acontecimientos en su marco histórico. Solo así se entiende que detrás de esas similitudes no haya únicamente copia, sino también transferencia tecnológica, circunstancias políticas y una evolución industrial marcada por la posguerra.

Un poco de historia de Carl Zeiss Jena


Fábrica Carl Zeiss 1890


La empresa Carl Zeiss Jena se fundó en 1856 en la ciudad de Jena, Alemania, tomando el nombre de su creador, Carl Zeiss (1816-1888). Años antes, en 1847, Zeiss había establecido su primer taller, donde junto a especialistas en óptica y vidrio sentaron las bases de una auténtica revolución en el diseño óptico.

En sus inicios, la compañía se centró en la fabricación de microscopios, pero tras la muerte de su fundador, en 1888, la empresa expandió su actividad hacia la óptica fotográfica. De esta nueva etapa surgieron algunos de los esquemas ópticos más influyentes de la historia, muchos de los cuales siguen vigentes hoy en día, como el Tessar, el Sonnar, el Planar o el Biotar.

Entre ellos, el Sonnar destacó especialmente por ser uno de los objetivos más avanzados de su tiempo. Su gran luminosidad, con aperturas máximas de hasta f/2.0, motivó su nombre, derivado de “Sonne”, que significa sol en alemán. Inicialmente, este objetivo fue diseñado para las cámaras Contax, pero durante la Segunda Guerra Mundial se produjeron también algunas unidades en montura LTM, compatibles con las cámaras Leica, que eran su principal rival.

Pero... ¿por qué fabricó ópticas con montura Leica?

A primera vista puede resultar extraño que Zeiss fabricara objetivos para cámaras de la competencia, pero el contexto de la guerra lo explica. El presidente de la compañía había sido designado por el gobierno alemán para coordinar la exportación de productos, en un momento en que el país necesitaba urgentemente divisas extranjeras. Debido a las restricciones comerciales impuestas a Alemania, uno de los pocos productos con salida internacional eran las cámaras Leica, que se utilizaban como moneda de cambio en países neutrales como Suiza, además de ser suministradas al ejército y a reporteros.

Ante la caída de las ventas de las cámaras Contax durante el conflicto, Zeiss optó por producir versiones del Sonnar en montura Leica, lo que permitió vender estos objetivos junto a cámaras Leica tanto en el extranjero como dentro de la propia estructura militar alemana. Así nacieron versiones como el Carl Zeiss Jena Sonnar 50 mm f/2.0 y el 50 mm f/1.5 en montura LTM.

Hoy en día, estas variantes son especialmente escasas, ya que se fabricaron en cantidades mucho menores que las versiones en montura Contax. Como consecuencia, son piezas muy buscadas por coleccionistas, difíciles de encontrar y con precios elevados, especialmente cuando se conservan en buen estado.

Es en este punto donde la industria óptica soviética entra en escena, con el objetivo de producir sus propias versiones basadas en estos diseños. Para entender cómo fue posible, hay que situarse en el final de la Segunda Guerra Mundial. En la Conferencia de Yalta, las potencias aliadas acordaron que Alemania debía pagar enormes reparaciones de guerra. Una parte muy importante de estas compensaciones correspondía a la Unión Soviética, que había sufrido una devastación industrial masiva y enormes pérdidas humanas, lo que marcaría el destino de gran parte de la tecnología óptica alemana en los años siguientes.

Alzando una bandera sobre el Reichstag realizada con una Leica III


Al finalizar la guerra, el conjunto de la industria alemana, incluidas fábricas, patentes y recursos técnicos, pasó a manos del Comité Interaliado como parte de las reparaciones. Entre los activos que la Unión Soviética reclamó se encontraba la fábrica de Carl Zeiss. Sin embargo, el reparto real estuvo lejos de ser ordenado, ya que cada potencia intentó asegurar para sí misma el mayor valor tecnológico posible.

Antes incluso de que el Ejército Rojo tomara Berlín, Estados Unidos puso en marcha la Operación Paperclip, una iniciativa destinada a localizar y trasladar a territorio occidental a científicos, ingenieros y documentación técnica del régimen nazi. El objetivo no era solo beneficiarse de ese conocimiento, sino también evitar que cayera en manos soviéticas. La operación abarcó expertos de múltiples sectores, incluida la óptica de precisión.

En este contexto, el 13 de abril de 1945, apenas unos días antes de la batalla final por Berlín, las tropas estadounidenses avanzaron hacia la ciudad de Jena. A pesar de no tener ya relevancia militar directa, Jena albergaba la planta de Carl Zeiss, posiblemente la instalación óptica más importante del mundo en ese momento. En pocas semanas, decenas de científicos e ingenieros altamente cualificados fueron trasladados a la zona occidental.

El 1 de julio de ese mismo año se formalizó la división de Alemania, y Jena quedó dentro de la zona soviética. Cuando el Ejército Rojo tomó el control, su prioridad fue asegurar todo el material, la documentación y el personal técnico disponible. Aunque muchos de los científicos más destacados ya no estaban, los soviéticos encontraron grandes cantidades de componentes ópticos, incluyendo piezas del Sonnar aún sin ensamblar. Lo que habían recibido era la fábrica física y sus recursos, pero no los derechos sobre las marcas comerciales, algo que tendría consecuencias importantes más adelante.

Aunque sin acceso a los principales diseñadores, los soviéticos sí contaban con ingenieros y técnicos capaces de fabricar esos objetivos, ya que conocían perfectamente los procesos de producción. Sin embargo, el estado de la ciudad y de la propia fábrica hacía inviable reanudar la actividad allí de inmediato. Por ese motivo, el material, la maquinaria recuperable y parte del personal fueron trasladados a la fábrica Arsenal de Kiev, en Ucrania.

En Kiev, utilizando la misma maquinaria, los mismos componentes y la experiencia acumulada, comenzó la producción de objetivos Sonnar y también de cámaras basadas en las Contax, que más adelante serían conocidas como Kiev. En esencia, no se trataba de rediseños desde cero, sino de la continuación directa de la producción original trasladada como parte de las reparaciones de guerra.

Con el tiempo, a medida que se agotaban las piezas originales, la industria soviética empezó a fabricar sus propios elementos ópticos siguiendo las mismas fórmulas. Por este motivo, más que copias en el sentido estricto, muchos de estos objetivos eran la prolongación natural de la producción alemana bajo otra administración.

Mientras tanto, en Alemania Occidental, antiguos responsables de Carl Zeiss, con apoyo estadounidense, reanudaron la actividad en 1946 bajo una nueva estructura empresarial que posteriormente recuperaría el nombre Carl Zeiss. Esto dio lugar a una situación singular: durante años coexistieron dos ramas con el mismo origen, una en Occidente y otra en el bloque soviético.

Las disputas legales sobre el uso del nombre llevaron finalmente a los soviéticos a adoptar nuevas denominaciones para sus productos. Así nacieron los objetivos Jupiter, derivados de los Sonnar, y los Helios, basados en el Biotar, cuya producción se trasladó a la fábrica KMZ de Krasnogorsk, cerca de Moscú. A partir de ese momento, la industria óptica soviética continuó evolucionando, creando también otros modelos inspirados en diseños alemanes, como los Industar, que mantenían la herencia óptica de Carl Zeiss aunque ya con identidad propia.

Carl Zeiss Jena y Helio 44-2